Ojito...

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No dejen de mirar esas caritas de los niños, ahora ya adultos, por Dios...

viernes, 23 de septiembre de 2011

Crítica a Las chicas de la lencería...




La buena fotografía es una especie de poesía que regocija a la mirada y al entendimiento. Tales sensaciones se suceden en este film como una apología de la vida y de la ilimitable belleza a los sentidos.
Martha, (Stephanie Glaser), decide a los 80 años hacer lo que siempre había postergado, poner una tienda en París de lencería, realizada mediante sus propias manos. Labor que lleva a cabo en complicidad con algunas amigas en un olvidado pueblo Suizo.
Entonces la magia se despliega anta la opacidad reinante de los trabajos cotidianos, hipocresías, amoríos, agobios mentales y religiosidades de por medio.
El ofuscamiento y la obstinación suelen ser prioridades defensivas de los pobres de espíritu, manifestaciones que aquí aparecen claramente ante la mediocridad machista y el sometimiento femenino. Pero nada más grato que la libertad de alma asomándose en un diálogo fluctuante entre el cuerpo y la vida; el amor y la lucha; el miedo y las decisiones, hasta llegar a gozarla plenamente.
La película logra esa misma relación con el espectador, quien se complace ante el empuje, visión y regocijo de los protagonistas, sintiéndose partícipe de sus mismas situaciones.
Quien de ahora en más diga que un mayor no es, ni nunca será, sólo estará proyectando su propia negación hacia los otros. Y quien se niegue a sí mismo, ya lo ha perdido todo. Ana C.





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